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LA HIPOCONDRIA
La persona que sufre este problema experimenta preocupación, un intenso miedo o bien, tiene la convicción de padecer una enfermedad inexistente generalmente de carácter físico, grave e incurable. En un sinvivir visitan médicos y más médicos, que tras las exploraciones pertinentes no encuentran nada (en los casos más graves la convicción acerca de la existencia de dicha enfermedad permanece inalterable). Sin embargo, otras personas evitan a toda costa acudir al médico debido al terror que les produce que sus peores temores se hagan realidad. Controlados por la angustia, se escudriñan y chequean compulsivamente las sensaciones corporales y posibles signos de enfermedad: se toman el pulso, miran el aspecto de las heces y orina, palpan una y otra vez aquel sitio donde notan una anomalía, etc; preguntan a su entorno acerca de estas cuestiones buscando una respuesta tranquilizadora una vez tras otra. Aquellas situaciones que suscitan su alarma y que interpretan como signo de enfermedad pueden llegar a ser percibidas exteriormente como absurdas y chocantes (p.e. La aparición de unos granitos, espinillas). Al contestar a sus preguntas disipando sus miedos se tranquilizan pero eso es algo momentáneo. Esas comprobaciones, al igual que otras como consultas en internet, libros, etc, no sólo no solucionan el problema si no que lo alimentan y por lo tanto son contraproducentes. Estas personas hablan monotematicamente de sus dolencias y cuando escuchan en TV algo acerca de una enfermedad o bien, a alguien comentando las dolencias de un conocido, casi de forma inmediata comienzan a sufrir los síntomas propios de ésta. Las consultas en urgencias hospitalarias por parte de personas que sufren hipocondria suponen un porcentaje importante. De hecho, en los casos más graves, algunas cuidan tener siempre un hospital siempre cerca, o incluso trasladan su vivienda a un lugar próximo. Al margen de que los temores de la persona con hipocondria pueda estar atenazada por miedos que nos resulten “ridículos” o desproporcionados; se muestren muy insistentes acerca de quejas, preocupaciones o preguntas acerca de la salud, debemos comprender la intensa angustia y sentimientos depresivos con los que viven; las limitaciones y condicionamientos en su vida personal, social, laboral, etc. Por ello, cuando hay un claro perjuicio en el estado emocional y psicológico de la persona sería recomendable acudir a un profesional.
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